Fidelidad a las marcas

Decía un profesor mío de marketing que las personas somos más fieles a una marca o un producto que a nuestra pareja. Supongo que depende de la pareja y del producto aunque con el tiempo he visto que tenía más razón de la creía.


Polos de Lacoste de colores


Un conocido mio por ejemplo es completamente fiel a los polos de Lacoste. Los tiene prácticamente en todos los colores y raro es el día en el que no lleva uno. De hecho, de mayo a septiembre es prácticamente imposible verle con otra prenda.


Pintauñas rosa de Chanel


Otra amiga sólo compra cosméticos de Chanel, y tras acompañarla una vez a Sephota puedo decir que se gasta una buena cantidad de dinero. Eso si, luego recorta yendo a Zara. Pintauñas, base y otros productos de los que, como buen hombre, desconozco su utilidad.


Anuncio Polo Blue Ralph Lauren deportes

En cuanto a mí, como ya he dicho alguna vez, soy 100% fiel al perfume Polo Blue de Ralph Lauren. Me encanta, me siento a gusto y sólo de pensar en buscar otro me da pereza.


Si, supongo que todos somos fieles, aunque sea a una marca. 

Sobre la elegancia y la edad

Señora en blanco y negro con cardado enorme

Ayer en el XL Semanal había un reportaje sobre el blog Advanced Style y su particular visión del estilo a partir de los 70. 



Opino que se trata de una edad muy complicada, y lo que a el le parece estiloso a mi me parece extravagante, a veces incluso ridículo. Ocurre con estas mujeres lo mismo que con muchas veinteañeras, que  al hacer tanto esfuerzo por ser diferentes, por destacar y por tener un estilo personal, terminan pareciendo disfrazadas. 


Siempre he sido defensor de mantener un estilo personal autentico y no dejarse llevar por las modas o por las ganas de epatar, no obstante, también es necesario entender cual es tu edad y comportarte de acuerdo a ella: tan ridículo es ver un viejo con bermudas y camiseta de tiras como a un chico joven con traje y bombín. 


Y es que en mi familia, el mejor cumplido para una mujer mayor de 70 es decir:
- ¡Es toda una señora!


Joan Collins con cardado y brillantes

Las tres hermanas

Reina Victoria Eugenia

- Mi padre es muy monárquico- dijo ella sacando un cigarro.
Agachó un poco la cabeza para encenderlo y un mechón oscuro cayó sobre su cara. 
- No tienes más que mirar mi nombre y el de mis hermanas - Continuó echando el humo -. Yo me llamo Maria Cristina, mi hermana mayor Isabel y la mediana Victoria Eugenia. Todo nombres de reinas. Mi tocaya se casó con Alfonso XII, Victoria Eugenia con Alfonso XIII e Isabel por Isabel II de Inglaterra. 
- Podría ser una casualidad - dije yo inocentemente. 
- Sí, podría, pero no lo es. Veras, en aquellos momentos a solas padre e hija (y mi padre siempre intentaba tenerlos) nos llamaba con apodos cariñosos: Yo era Crista, y mis hermanas Lilibeth y Ena. Simples apodos ¿no? Pues resulta que al crecer descubrimos que esos eran los apodos por los que se les llamaba a esas reinas en la intimidad. 
- Vaya, tu padre es todo un romántico. 
- Sí que lo es. Fíjate que cuando me ponía cabezota me cantaba aquello de: "María Cristina me quiero dominar, y yo le sigo le sigo la corriente... " Casualidades de la vida, su madre se llamaba Isabel y su tía Margarita. Estoy seguro de que le hubiera encantado tener dos hijas llamadas así.
- ¿Y por qué no lo hizo?
- Oh bueno - Dijo dando una calada -. La princesa Margarita no le caía muy bien, y su tía creo que aún menos...

Isabel II Windsor

Reina Victoria Eugenia


Una buena botella de champagne

Botellas de champan


Soy el tipo de persona que escarba entre los saldos de unos grandes almacenes pero que luego se abre una buena botella de champagne para probarse lo que ha comprado.


Helen Mirren


Son para mí éste tipo de deliciosas excentricidades las que demuestran elegancia y Joie de vivre.

Sobre la intransigencia

Comentaba con Maribel de Anglo-Francofilia los dos tipos de intransigentes que hay (con respecto al post de La conjura de los necios) y para tratar de hacerlo entender, tomo una frase del genial libro "Una lectora nada común"


Pero para ella el nombre de la gente era indiferente, como todo lo demás, por otra parte: la ropa, la voz, la clase social. Era una demócrata auténtica, quizá la única que había en el país. 


Lo que trato de decir es que algunos somos intransigentes sí, pero sabemos que tenemos que tolerar. Y al no hacer diferencias entre aquello que no aprobamos (ropa, educación etc) y meterlo en el mismo saco, acabamos por ser tolerantes con cualquier cosa que nos echen. 

La costura de las medias y los detalles de una época

Marilyn Monroe  | Con faldas y a lo loco


Me gusta leer libros de historia y novelas históricas. Me gustan especialmente esos pequeños detalles que hacen que esos libros sean algo más que nombres y fechas. Por ejemplo, la anécdota de que en los años 30 y 40, cuando se hizo imposible conseguir medias las mujeres solía pintarse la costura en la pierna para que pareciera que llevaban medias. 

Marilyn Monroe  | Con faldas y a lo loco


También recuerdo la obsesión de Anne Shirley, de la serie de libros Ana la de tejas verdes, por las mangas de farol (cuanto más grandes mejor)
Y me pregunto, dentro de cien años ¿cuáles serán los detalles que harán sonreír a los que lean sobre nuestra época? ¿Los pitillos? ¿Las uñas con dibujos? ¿Los vaqueros recortados para pantalón corto?

Ignatius y su sentido de la moda

Ilustración de un zorro

En la sombra [...] Ignatius J. Reilly miraba a las demás personas que esperaban bajo el reloj junto a los grandes almacenes D. H. Holmes, estudiando a la multitud en busca de signos de mal gusto en el vestir. Ignatius percibió que algunos atuendos eran lo bastante nuevos y lo bastante caros como para ser considerados sin duda ofensas al buen gusto y la decencia. La posesión de algo nuevo o caro sólo reflejaba la falta de teología y de geometría de una persona. Podía proyectar incluso dudas sobre el alma misma del sujeto.


La conjura de los necios - John Kennedy Toole


Una vez un amigo me dijo que me parecía a Ignatius. El me lo dijo como un cumplido aunque cueste entenderlo. 

Un oficio particular

Isabel II con bolsas

Tenía él uno de los trabajos más interesantes que he conocido. Se dedicaba a vender antigüedades de lujo: Pañuelos de Hermès de los 40, baúles de Louis Vuitton de los 30 y joyas de las 20. Tenía sus contactos que le suministraban productos, tipos extraños, más propios de una carnicería o un pub que de tratar con los mejores cueros y sedas del siglo.

Luego él, después de estudiarlos y asegurarse de su autenticidad, los adquiría y se los ofrecía al mejor postor. A menudo a casas de subastas especializadas (pues Christies no acepta productos de un valor inferior a 1000 libras) , a veces a alguna lady de Kengsinton o Knighstbride, y excepcionalmente a alguna fashionista nueva rica oriental. Aunque estas últimas, no solían apreciar el valor de las antigüedades, especialmente cuando podían comprarse algo nuevo que resultaba más barato.

Cuando yo le conocí llevaba algún tiempo guardando un elegante baúl de Louis Vuitton de cuando los viajes se hacían en condiciones, existían mozos para llevar el equipaje, y el cajón para los pañuelos de caballero era algo sencillamente  indispensable. A causa de su tamaño resultaba algo difícil de vender. A él no le preocupaban tonterías tales como encontrar un buen hogar para aquellas joyas. Sus fines eran puramente comerciales. Por supuesto su corazón no hubiese resistido ver un carré como trapo para fregar pero sin llegar a esos extremos, cualquiera que apreciara su valor, y más importante aún, estaba dispuesto a pagar el precio, era suficientemente digno.

A veces se daba el caso de que las transacciones se realizaban a la inversa: clientes le pedían que adquiriera discretamente un broche de diamantes y ópalos o le buscara un Birkin burdeos de los 80. Tales casos solían ser más raros y era habitual que rechazara esos trabajos más detectivescos y optar por servicios más simples. 

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Y no me cae bien la Duquesa de Windsor, que quede claro. 

Wallis Simpson LV

Una hermosa forma de educación

being well dressed is a beautiful form of politeness

Y es que es algo que la gente olvida por completo. Especialmente en lo que se refiere al trabajo. Por supuesto que puedes hacer el mismo trabajo en pantalones cortos y camiseta, como también podrías hacerlo en calzoncillos o en pijama.
Pero vestir bien demuestra respeto hacia los demás, como sí dijeran: Oh si, te respeto, por eso me esfuerzo en ofrecerte mi mejor aspecto. 
Lo que me lleva a otra cuestión:
¿Por qué con la excusa de la confianza uno se transforma en un dejado? Es precisamente para la gente que queremos para quienes deberíamos tratar de vestirnos mejor. Porque son los que nos ven todos los días. 
El narcisismo es egoísta, la educación generosa.

Otro tipo de Estilo de vida


chico bajo la nieve con mochila

Con la que está cayendo, uno no oye más que hablar de que la culpa de todo la tiene que el consumismo, y esa necesidad de poseer por el hecho de poseer, comprar por el placer de comprar.
Pero yo no estoy del todo de acuerdo. Por lo menos no viendo a aquellos que me rodean.

- En nuestro caso eso no es cierto – Diría una amiga mía -. A nosotros nos han educado con mentalidad de postguerra: que no sobre nada, ahorra todo lo que puedos, compra lo mejor y hazlo durar.

Y cada vez me doy más cuenta de la razón que tiene. Nos gusta vestir bien sí, nos gusta ir “a la moda”  pero no por ello somos como esas personas que compran ropa cada semana. No lo necesitamos, no tenemos llenos los armarios, cajones y baldas de nuestras casas.

Algo parecido me decía otro amigo: 
- Desde que viajo tanto, cada vez tengo menos ropa y  más sencilla: vaqueros, camisetas lisas y camisas. Y también tengo menos objetos, el kindle y el ordenador es todo lo que necesito. Aquello que me quepa en una simple mochila.


Así que como veis, por A o por B existe un grupo de irreductibles jóvenes que no necesariamente consumimos en exceso, o entramos dentro de lo que la gente piensa de nosotros.

Surfer con tabla de surf | Longboard


Vincent Cassel - El hombre

Vincent Cassel

Decía una amiga sobre Vincent Cassel que "prefiero a Vincent Cassel a casi todo el mundo. Es elegante, esbelto, simpático, educado, interesante etc... pero no es guapo. No encaja en un patrón de belleza y sus rasgos ni siquiera son hermosos. Simplemente en él resultan. Es el hombre. El Hombre"


Vincent Cassel jersey de cuello vuelto cisne


Y yo creo que ahí radica su atractivo, en que no es guapo. Es efectivo, atractivo, tiene glamour, pero en el sentido original de la palabra (belleza mágica o ficticia de un objeto o persona, también brillo falso) como recordaba Carmen Posadas hace unas semanas.


Vicent (perdonen la confianza) tiene esa belleza ficticia que hace que olvides que no es guapo. Es de esa clase de hombres que normalmente no suelen caer bien a otros hombres. 
De esa clase de hombres que es capaz de robarte a la chica delante tuyo y sin que te des cuenta. 
Vincent Cassel fumando

Truhan pero adversario digno. 
No un amigo íntimo pero si uno leal.
No del todo agradable pero honesto.

Es la clase de hombre  que, inconscientemente, la mayoría de los hombres quieren ser


Vincent Cassel sexy



De viajes

Orient Express
Ya no es posible viajar como antes. No me malinterpretéis, no es cuestión de snobismo. No pienso mencionar aquellos que viajan en avión vestidos para un safari o los que aplauden al aterrizar.
Es que después de coger más aviones en dos semanas de lo que me hubiese gustado, he acabado harto de los check-in, controles de seguridad y aeropuertos inmensos. Por ciertas unas pocas cosas.

Uno comienza a echar de menos los salones de espera, el vagón de recreo o de fumar, los mozos que se encargaban de llevar el equipaje, o la ausencia de controles de seguridad, como se ve en Eva al desnudo.

No es que quiera que las cosas vuelvan a como eran antes, cuando los trabajadores no tenían derecho a vacaciones pagadas, es sólo que opino que en aquella época (cuando existían conjuntos de viaje) aquellos que podían viajar, lo hacían mucho mejor.
Ahora el que quiere viajar a gusto, debe tener dinero. Y a menudo, ni con esas. 

Elisabeth II

Té en Tiffany's

Leo en una revista que en el hotel Park-Hyatt de Paris preparan un "tea party" junto con Tiffany's en las que venden nos pastelitos con forma de cajita de la tienda.
Y yo no dejo de pensar en ese capítulo de los simpsons en el que Homer espía a Apu, que entra en Tiffany's y piensa que va a comprarle una joya a su esposa pero sale con un croissant. ¡Es verdad! Ahora también venden desayunos en Tiffany's, piensa.
¿Una buena idea de negocio? Pon un carrito con café para llevar y bollería delante de la tienda y bam, ya estás haciendo dinero.

De complementos (Paraguas)

A veces da la sensación de que los únicos complementos que cuentan son los bolsos, los pañuelos o las pajaritas imposibles. Nada más lejos de la realidad. ¿Por qué no invertir en un buen paraguas? Un hombre de bien (o mujer) no debería llevar uno de esos mini paraguas plegables de los chinos. No hay nada más elegante que llevar un buen paraguas colgado del brazo. 

Paraguas mango de loro Mary Poppins
Puede tener una cabeza de loro como mango

Paraguas de Archer Adams
O puede ser uno de estos estupendos paraguas de Archer Adams (a tiro de piedra de Paddington)

Lo que queda claro es que un buen paraguas hace caballero. Y si no que se lo pregunte a Mycroft.


Mycroft Holmes umbrella



Mycroft Holmes umbrella

La infancia

Dibujo niña leyendo Vogue
Siempre me han fascinado los orígenes de ciertas personas del mundillo: las tías inventadas de Chanel o la cantidad de leyendas sobre la infancia de Lagerfeld (una por cada vez que abre la boca), y es que parece, según ciertos blogs de moda o ego blogs por los que me paso de vez en cuando, que hay una gran cantidad de hombres y mujeres a quienes en su más tierna infancia leían Vogue en lugar de a los hermanos Grimm. 

Personas que debían tener las madres más glamurosas y modernas de su época y olvidando que lo 70 y los 80 fueron malas décadas en lo que a moda de calle se refiere.
Pretender dar una imagen, mezcla entre infancia inglesa junto al fuego y madres embajadoras con vestido largo. Y ellos embobados claro.

Yo sólo puedo decir que si la moda me interesa (al igual que el cine, la literatura, la botánica o que se yo) doy fe de que cuando era pequeño, me preocupaba más por la game boy, mi kimono de judo y cualquier palo que me encontrara por la calle (¿alguien me puedo explicar esa fascinación de los chicos por los palos de madera?) que por las revistas de mi madre.

Cianuro espumoso

- Mirad todos, esto es lo que yo llamo un Sparkling Cyanide - dijo Olivia Uriarte observando al trasluz su copa en la que brillaba un líquido azúl intenso. Acababa de encender un cigarrillo, y dejó que el humo se enroscara en el esbelto pie de la copa, igual que un áspid. -.
¿A que parece letal? Sin embargo, se trata sólo de una parte de Curaçao, tres de champagne y un suspiro de angostura. Apuesto a que nunca imaginasteis que un brebaje así podía ser tan delicioso.


Invitación a un asesinato - Carmen Posadas

On connait pas la chanson III



Hey, I put some new shoes on, 
and suddenly everything is right

A veces la diferencia entre un buen día y un mal día está en unos zapatos, o el pelo, o unos pantalones. Sentirte cómodo, sexy, con confianza, ese es el autentico poder de la ropa. Y es un poder muy democrático: puede lograrlo tanto una camiseta de Inditex como una americana de Tom Ford. 

Yo personalmente tengo mis combinaciones ya preparadas, prendas que pegan, que quedan bien juntas, y si me salgo de ellas, no me siento cómodo hasta que no llego a casa y me cambio. ¿Y vosotros?

El pañuelo blanco de Hermès

- No creas. En realidad Miranda tiene una ligera obsesión por los pañuelos. - Emily desvió la mirada, como si acabara de revelar que tenía herpes-. Es uno de esos detalles encantadores sobre Miranda que debes conocer. 
[...]
- Miranda siempre, siempre lleva un pañuelo blanco de Hermès en su indumentaria y casi siempre alrededor del cuello, aunque a veces pide a su peluquero que le haga un moño con él o lo utiliza como cinturón. Es su distintivo. Todo el mundo sabe que Miranda Priestly lleva siempre un pañuelo blanco de Hermès. ¿No es genial?


[...] Y unos doscientos pañuelos Hermès de color blanco. Me habían contado que Hèrmes había decidido acabar con la fabricación de ese modelo, un sencillo y elegante recuadro de seda blanco. Alguien de la compañía pensó que debía una explicación a Miranda y la telefoneó para disculparse. Como era de esperar, ella le comunicó fríamente su decepción y compró todas las existencias que quedaban de ese modelo. Dos años antes de mi incorporación a la empresa llegaron a la oficina quinientos pañuelos, y ahora quedaban menos de la mitad. Miranda se los dejaba por todas partes: restaurantes, cines, desfiles, reuniones, taxis. Se los dejaba en los aviones, en el colegio de sus hijas, en la pista de tenis. Sin embargo, siempre llevaba uno incorporado elegantemente a su atuendo. Todavía no la había visto fuera de casa sin pañuelo. Pero eso no era razón para que faltaran tantos. Tal vez Miranda pensaba que eran pañuelos de nariz, o gustaba de hacer anotaciones sobre seda en lugar de papel. Sea como fuere, daba la impresión de que realmente creía que eran de usar y tirar, y nadie sabía cómo sacarla de su error. Elias-Clark había pagado doscientos dólares por cada uno de ellos, pero qué importaba eso; nosotras se los pasábamos como si fueran Kleenex. Al ritmo que iba, en dos años ya no quedaría ninguno.


Yo había colocado las cajas naranjas de los pañuelos en el estante del armario destinado a repartos inmediatos, de donde salían con rapidez. Cada tres o cuatro días, Miranda se preparaba para salir a comer y decía con un suspiro: An-dr-aaa, tráeme un pañuelo.


Me consolaba pensar que me marcharía de allí mucho antes de que se le acabaran. Quienquiera que tuviera la mala suerte de estar ocupando mi lugar ese día estaría obligado a comunicar a Miranda que ya no le quedaban pañuelos Hermès y que no era posible confeccionarlos, importarlos, crearlos, encargarlos o exigirlos. Sólo de pensarlo se me erizaba la piel.


El diablo viste de Prada - Lauren


¿Tienes alguna prenda o complemento que siempre te acompañe e identifique? ¿Cuál es?

DIY: enmarcar portadas


Estaba yo haciendo limpia de revistas, pensado cuánto me gustaban algunas portadas cuando me ha venido la idea: si se pueden enmarcar pañuelos, ¿Por qué no portadas de revistas?

No tienes más que cortar con la ayuda de un cuter las que te gusten (si eres más "cool" mete portadas de distintos países), enmarcarlas con un marco sencillo del IKEA y colgarlas ordenadamente en la pared. 

¿Casa nueva? ¿Poco presupuesto? Esta es un buena idea para decorar.

Miss Marple y el feminismo




- Apuesto a que en sus tiempos debía de haber magníficas esposas - Suspiró Dermot Craddock.
- Estoy segura, querido muchacho, que hoy día consideraría usted el tipo de joven a que acaba de referirse poco adecuado para compañera. Las muchachas de antaño no eran intelectuales y muy pocas de ellas poseían títulos universitarios o distinciones académicas.
- Hay cosas preferibles a las distinciones académicas - Repuso Dermot -. Una de ellas es saber cuando un hombre desea tomar un whisky con soda en lugar de té, y ofrecérselo.
Miss Marple le sonrió afectuosamente.


El espejo se rajo de parte a parte - Agatha Christie


Parafraseado a Peter Griffin: ya no queda buen machismo como el de antes.

Esmeraldas

 Para empezar bien el año, hablaré de esmeraldas, dedicándole este post a una chica encantadora. Y para ello voy a hacer una lista con mis esmeraldas favoritas.

Las del collar de Elizabeth Taylor, o cualquiera otra de su gran colección.


La esmeralda Kokiri del juego Legend of Zelda: Ocarina of time. 



La Kriptonita, o esmeralda extraterrestre 




Y por supuesto, mi preferida: La isla esmeralda.

La playa ayer y hoy (y Grace Kelly también)

Antes, una playa privada era la que tenía la casa de verano. La ley de costas todavía no había hecho del todo públicas la orilla del mar. El lujo consistía en arreglar tu cala a tu manera, con tu propia toalla y con tu traje de baño a juego. Con un teléfono conectado de la casa hasta la playa. Escenas que traen recuerdos de toallas elegantes y comer en casa tranquilamente.

Ahora, una playa privada no pertenece a una persona, sino a un hotel, donde las toallas inmaculadas parecen no acabarse nunca (¿cuántas toallas necesita una persona?) que se renuevan a diario aunque haya sequía. Rodeado de personajes internacionales que conceden demasiada importancia a lo privado. Todos con su uniforme consistente en gafas de sol, como clones. En los que los camareros te traen la bebida y comida sin tener que mover un dedo.

Moraleja: No es que antes fuera mejor, sólo más personal.



¿DIY en mi blog?

Este no es un blog de DIY. Me gusta mucho el DIY, la satisfacción de hacer algo con tus propias manos, y no solo teclear en el ordenador, como ya dije aquí.  Hay algo muy motivador en el DIY, como un entretenimiento para una tarde de domingo (tan poco productivas ellas). 

Pero digo que no es un blog de DIY porque 1º No creo que el lector medio entre en mi página buscando ideas y 2º porque lo que busco transmitir es otras cosas. Y sin embargo aquí van algunas ideas. ¿No es divertido transgredir las normas que uno se ha auto impuesto?





El sombrero y la mariposa

Pamela negra en cementerio

Una vez leí un relato sobre una mariposa que entró en el metro. Y hoy he visto una, se subió en la 42 y se bajo en la 59 por lo que supongo que iría a bloomingdales a comprarse un sombrero, que luego no le gustará nada, como pasa siempre con los sombreros que te compras.


Fat Lagerfeld



Y yo que cría que Lagerfeld se había dedicado a eliminar cualquier rastro suyo de gordo en internet...

Prendas que evocan

Hay ropa que te hace sentirte aventurero. Esta es mi camiseta de ligar  - dicen algunos - con estos zapatos me siento alguien importante – piensan otros. Siempre hay ropas que nos compramos por evocaciones, fantasías que nos inventamos: con una barbour y una camisa Oxford me veo paseando a los perros por la campiña inglesa. Con ese gorro y ese abrigo me imagino que soy una secretaria de Mad Men. Con esos pantalones y esa bufanda me siento tan parisino.

Algunas prendas te hacen pensar en besos en el campo con chicas que leen a Nancy Mitford y que besan bajo paraguas de tartán.

No es pecado, después de todo, el vestirse tiene algo de jugar, de esperanza, de armadura. De que las cosas más interesantes nos ocurrirán si vamos adecuadamente vestidos, de que el hábito sí que hace un poco al monje.

De frases y perfumes


El perfume, como la seda, el vino y las flores, es uno de los lujos necesarios de la vida. Su aroma es como un buen vino, que necesita oxigenarse antes de alcanzar el punto de perfección.


Sofia Loren


El club de lectura de Alphonse Doré II

Si, lo sé. Un libro más sobre Coco Chanel. Con las evocaciones de Lagerfeld sobre sueños de Mademoiselle y todas esas biografías uno debería cansarse.


Pero hay algo diferente en este libro. Es otra visión de ese personaje que todos creemos conocer tan bien. Tiene un punto de autentica intimidad, como cuando observas a alguien que no sabe que lo haces. 


Esa es precisamente la perspectiva la que hace tan interesante el libro. Y es que las fotografías de Douglas Kirkland guardan siempre una distancia, como el cazador que no quiere asustar a su presa, consiguiendo desde esa distancia una cercanía con Coco Chanel poco vista.
Otro libro en mi lista destinada a vaciar mi cuenta corriente. Aquí.




La razón de ser del Vogue

La mayoría de nosotros leemos Vogue no con la intención de comprar la ropa tan cara, sino porque al hacerlo educamos nuestros ojos y afilamos nuestro gusto, de manera similar en la que degustar comida gourmet refina el paladar. Éste es un placer activado por la estética implacable de Wintour, su negación a participar en la tendencia democratizadora de la mayoría de sus competidores. Negarle ése privilegio es negarle a los lectores el privilegio de la fantasía en la forma de la tan bellamente fotografiada alta costura de París. 



Parece que no hay demasiada gente que lo entienda. Aún hoy, con el amplio mercado de revistas  disponible, la gente sigue teniendo en la cabeza esa idea de que éstas no son más que catálogos. - Un bolso de 500€ - dicen -  se creen que somos millonarios- . Leer una revista de moda significa únicamente culturizarse y entrar en contacto con lo bello. En esencia, debería tener el mismo efecto que leer un libro.