La playa ayer y hoy (y Grace Kelly también)

Antes, una playa privada era la que tenía la casa de verano. La ley de costas todavía no había hecho del todo públicas la orilla del mar. El lujo consistía en arreglar tu cala a tu manera, con tu propia toalla y con tu traje de baño a juego. Con un teléfono conectado de la casa hasta la playa. Escenas que traen recuerdos de toallas elegantes y comer en casa tranquilamente.

Ahora, una playa privada no pertenece a una persona, sino a un hotel, donde las toallas inmaculadas parecen no acabarse nunca (¿cuántas toallas necesita una persona?) que se renuevan a diario aunque haya sequía. Rodeado de personajes internacionales que conceden demasiada importancia a lo privado. Todos con su uniforme consistente en gafas de sol, como clones. En los que los camareros te traen la bebida y comida sin tener que mover un dedo.

Moraleja: No es que antes fuera mejor, sólo más personal.