Pero no, quiero hablar desde el punto de vista de la moda. Cómo muchas veces algunas personas se olvidan de que una mujer es, bueno, una mujer. Citando a Rita Hayworth: Después de todo, una mujer es... una mujer. Resulta agradable que te digan que lo haces bien
Y en ésta película, la Garbo interpreta a una mujer comunista de las de armas tomar, que al final se pasa al capitalismo. Y el sombrero que se pone es el símbolo de que acepta el capitalismo con sus adornos superfluos y totalmente necesarios.
Pero no, quiero hablar desde el punto de vista de la moda. Cómo muchas veces algunas personas se olvidan de que una mujer es, bueno, una mujer. Citando a Rita Hayworth: Después de todo, una mujer es... una mujer. Resulta agradable que te digan que lo haces bien
Y en ésta película, la Garbo interpreta a una mujer comunista de las de armas tomar, que al final se pasa al capitalismo. Y el sombrero que se pone es el símbolo de que acepta el capitalismo con sus adornos superfluos y totalmente necesarios.
La ropa no cambia al que la lleva, sigue siendo la misma persona. La ropa es solo una decisión.
Diseñadora de vestuario en Hollywood, trabajando con Hitchcock o Audrey Hepburn. En mi modesta opinión, supo mostrar la auténtica vestimenta de la época, no como en otras peliculas donde a los actores se les viste de una forma bastante irreal.
Es sus diseños podemos ver el auténtico estilo de la burguesía de la época. Ver El hombre que sabía demasiado es como ver fotos de cuando mis abuelos eran jóvenes.
Hace tiempo ya encontre éste video de una entrevista que le hicieron y me encantó. Os la he traducido. Espero que la disfruteis.
Dicho y hecho: Francisco Grandmontagne:
"La verdadera elegancia no consiste en que aquello que nos ponemos nos mejore, sino en mejorar aquello que nos ponemos"O lo que es los mismo: ¿Cuántas veces hemos pensado de alguna persona que saber llevar alguna prenda de una forma estupenda, cuando a nosotros nos queda como un saco de patatas?
Sí, toca comprar antipolillas, guardar los abrigos en fundas, empezar a sacar camisetas que tenías olvidadas y reencontrarse con ellas, como dice Coco Chanel, como si fueran viejos amigos que uno se topa por la calle. Toca también tirar ropa (una de las cosas que a mí más me cuestan) y lavar algunas prendas que, aunque están limpias, huelen a cerrado.
Toca envolver los jerseys buenos en tela (el sumun de la sofisticación) y guardarlos en cajas con unos cuantos antipolillas, ya sabes, por si acaso. Y toca ver como tu armario parece más grande, porque claro, la ropa de verano ocupa menos.
Y por suerte para algunos, por desgracia para otros, descubrir que realmente no necesitas ropa nueva, que es lo bueno que tiene el verano: su simplicidad y estabilidad.
Y si no, me remito a mis palabras.
Amancio Ortega nº 7 de los hombres mas ricos del planeta con 31 billones (de los americanos) de dólares.
Stefan Persson, dueño de la cadena H&M nº 13 con 24,5 billones
Bernard Arnault del grupo LVMH nº 4 con 41 billones y nº 43 de la lista de personas más poderosas del mundo. ¿Tiene alguna hija de mi edad?
Curiosamente Anna Wintour está en el puesto nº 56 de las mujeres mas poderosas, lo que me hace dudar bastante de la lista Forbes. ¿Cómo pueden ser más poderosas que ella Sarah Jessica Parker o Lady Gaga? Estamos hablando de una mujer que maneja la industria de la moda americana con bastante libertad.
¿No os encantaría salir en alguna de las listas de forbes?
Ya se acerca la primavera con sus calores, sus astenias (en mi caso), sus flores y sus días llenos de luz. Pero hasta entonces, estamos en Cuaresma. Y ya sabes: ayuno y abstinencia. Las mangas y faldas se acortan al ritmo al que se alargan los días, pero eso si, a misa con mantilla.
Varios años después de la segunda guerra mundial, un chasseur importante de Maxim’s, un hombre ya muy mayor, ofreció su cahier sobre las demimondaines de la Belle Epoque a Harper’s Bazaar. No me preguntes como llego a nuestro poder, pero Harper’s tenía mucho renombre en Paris por aquellos días. Además, Carmel Snow, la editora era toda una personalidad en Paris; todo el mundo conocía a la chiflada y brillante irlandesa. Sobria o bebida, la adoraban. Siempre maravillosamente vestida. Y a menudo muy borracha, no digo achispada. Decía unas cosas absolutamente brillantes, pero era incapaz de levantarse y andar.
Pero ese no es el tema. El tema es aquel cahier que Carmel me pasó. Hice que lo tradujeran y lo publiqué en Harper’s Bazaar. Y ni una sola persona de la revista ni ningún lector, menciono el extraordinario documento social que era.
No era más que un pequeño cuaderno con apariencia de gastado. Ya sabes lo ahorradores que son los franceses con el papel. Tu y yo dejaríamos la primera pagina del cuaderno en blanco y empezaríamos en el lado derecho. Este chasseur era un autentico francés: había empezado en la página de la izquierda, tan arriba que no quedaba nada de papel por encima de la primera línea. En el cuaderno había una lista de todas las mujeres disponibles de Paris, con sus descripciones. Cosas como: tiene un lunar a la izquierda de la cadera y "pas tout à fait de premier ordre” y “ Nacida en Chaillot” y un largo etcétera. Ese hombrecillo, imagínatelo: era la única persona en el mundo que sabía que había una chica con un lunar en la cadera, cosa que le encantaba a Duque de No sé cuantos pero que desde que murió, no era assez connue, y por lo tanto supondría un mayor precio. Quiero decir que esto era algo fantástico. No podía habérselo inventado, porque como todo el mundo sabe, la realidad supera a la ficción.
¡Sus zapatos eran tan bonitos! Los niños por supuesto, se fijan muchísimo en los zapatos. Están más cerca de ellos. Recuerdo los zapatos de hebilla del estilo del siglo XVIII, mejor tallados que un diamante. Me encantan los adornos en los zapatos. A mi modo de ver, es como los zapatos deben ser.
Vivían en su propio “medio-mundo” y ese “medio-mundo” era muy importante. Y el Bois era donde se paseaban cada mañana. Éste era el secreto de belleza de las demimondaines. Respiraban el aire de la mañana. Ahí estaban cada mañana a las ocho y media. Luego volvían a casa para descansar, a darse un masaje, y a decidir el menú de la noche para los caballeros que las visitaban. En esa época, uno se iba a la cama mucho más temprano ¿sabes? ... Las cenas a medianoches a las que vamos ahora son de locos. Por lo que las demimondaines eran toda una belleza.
Por supuesto, siempre me ha encantado la ropa. Alguien que nace en Paris no deja de pensar en ropa ni por un minuto. ¡Y que ropas se veían en el Bois! Ahora me doy cuenta de que vi el inicio de nuestro siglo ahí. Todo era nuevo.
Naturalmente, mucho era por influencia de Diaghilev. El gusto, la extravagancia, el allure, la excitación, la pasión, la ruptura, el choque, el estrépito... Su influencia en Paris era total. La época anterior, la Eduardiana había sido fuerte y rígida. Me quedaría en Paris hasta que algo pasara. Bueno, algo vino y lo barrió todo, incluyendo la moda, porque la moda forma parte de la sociedad y de la vida.
¡Qué colores! Antes de esto, el rojo nunca había sido rojo y el violeta nunca había sido violeta. Siempre habían sido ligeramente más... oscuros. Pero los vestidos de estas mujeres en el Bois eran de colores tan afilados como el filo de un cuchillo.: rojo rojo, violeta violento, naranja (cuando digo “naranja” me refiero a un naranja rojizo, no amarillo), verde jade y azul cobalto. Y las telas: las sedas, el satén, los brocados, cosidos con perlas desiguales, cosidos en plata y oro, y adornados con pieles y encajes. Eran de un splendeur oriental. Desde entonces, nunca ha habido tanto lujo, las mujeres lucían ricas.
D.V. Chapter 2
Lo consigue pero al hacerlo, la protagonista sigue sin encajar. Siguen riéndose de su estilo, a pesar de que al final todas visten como ella.
¿Cuál es la moraleja de esta historia? Podríamos sacar bastantes, pero básicamente creo que podemos hablar de dos. Primero el tan manido tema de la personalidad. Sí, en efecto, uno no puede vestirse como le dé la gana. Prendas que en otras personas funcionan bien, en nosotros se ven ridículas. Cuestión de ser autocríticos con nosotros.
Segunda moraleja: no esforzarse. El esforzarse demasiado, la mayoría de las veces, lo único que hace es que algo resulte artificial, forzado. Laissez-faire, no pienses en ello, y entonces, realmente encontrarás tu estilo. Algunas personas lo encuentran enseguida, otras, bueno, sigue intentándolo.
Hacen que el comprar sea el lujo, no la prenda. Se visitan anuncian en las guías como si de un museo se tratara, o una escultura, o una pieza de arte. Y al final tiene un poco de las tres.
¿Quién de vosotros no piensa en Chanel cuando digo Rue Cambon? Una callejuela (porque no es más que eso) que nadie conocería si no fuera porque ahí se instalo una de las mejores casas de moda de la historia?
A fin de cuentas, mucha de la gente que quiere entrar en estos sitios no es por comprarse un 2:55 si no por ver la escalera de espejos. Supongo que a fin de cuentas, tiene más de templo y museo de lo que pensamos.
That certain air of savoir faire, In the Merry Old Land of Oz!
Todos saben quién es Anna Wintour o Carine Rotfield, Puede que incluso Yolanda Sacristán pero si nos sacan de ahí, ¿ alguien conoce algún otro editor/a? Así que queda inaugurada ésta sección que trataré de hacer lo más objetiva posible.
Andrés Rodriguez es el editor de la revista Esquire, así como el fundador del grupo editorial Spainmedia que se encarga de publicarla junto con RobbReport y Harper's Bazaar.
¿Cuál es su historia?
Su trayectoria ha estado constantemente relacionada con las revistas. En el grupo Prisa se dedicó a la división de revistas del grupo y unos años más tarde se animó a traer la revista Rolling Stone respaldado por el grupo Prisa, la cual dirigió durante 5 años.
Finalmente se decidió a convertirse en su propio jefe y se fue a Nueva York para conseguir la licencia para editar Esquire en España. Algo difícil si tenemos en cuenta que iba flying solo.
De momento Spainmedia posee la licencia para diez años de Esquire y lleva desde su primer año obteniendo beneficios, el cual, no olvidemos que es el primer objetivo de cualquier empresa.

La relación Miranda-Anna, repetida hasta la saciedad no tiene ninguna importancia. Como ya he dicho, yo me la leí sin conocerla, y aún y todo me gusto. Uno de los puntos más interesantes de la novela a mi modo de ver es el retrato de la alta sociedad New Yorquina. La escritora nos muestra sin piedad un mundo de arrivistas, caprichosos, sumergidos en una vida de despilfarro, en el que los pañuelos de Hermès se utilizan como kleenex. ¿A quién no le gusta conocer la vida de los ricos y famosos? No obstante, es una lástima ver que no profundiza demasiado en esos personajes externos. Incluso en el caso de Miranda Priestly, a quién se puede comparar con Rebeca de Daphne du Maurier por su omnipresencia a lo largo de la novela, resulta algo plana a fin de cuentas. Lauren Weisberger parece demasiado concentrada en enseñar lo dura que es su vida, lo que en lugar de sentir simpatía por ella, consigue que le cojamos un poco de manía.
Uno de los puntos más interesantes de ésta novela es la evolución de Andrea, la protagonista. Como al principio parece completamente desconectada del mundo de la moda (y orgullosa de eso) para luego ir rindiéndose reconociendo que es el camino más fácil para integrarse en la empresa. Sin embargo resulta algo pedante esa sensación de superioridad que transmite a lo largo de todo el libro, como si ella, fuera la única conocedora del bien y del mal. Aún y así no puede evitar en algunos momentos sufrir lo que ella llama el “giro paranoico Runway” en los que reconoce el gran trabajo que realiza su jefa, y como no podría hacerlo si no fuera dura y exigente. Sin embargo, al final Andrea resulta tan snob y recalcitrante como aquellas personas de las que se burla.
En conclusión, una novela muy entretenida, para aquellos a los que les guste saber más sobre la buena vida, los regalos caros y muchas marcas. Mi único consejo es el de no tomárselo demasiado en serio, y por supuesto, ser justos a la hora de posicionarse por una parte u otra (solo si es imprescindible hacerlo)

Me gusta despertar por la mañana, y antes de levantarme, repasar mentalmente todo mi armario para decidir qué ponerme. Considerar a dónde tengo que ir o que imagen quiero transmitir. Incluso enfadarme por “no tengo qué ponerme”.
Me gusta que la gente me pregunte si mis pantalones son nuevos o que me digan que tengo un estilo muy personal (esto puede ser tanto un cumplido como un insulto), destacar por bien, que pasar desapercibido por mal.
Me gusta fijarme en lo que lleva la gente, y deducir el por qué de esa elección. El descubrir que si hacemos uso de “las células grises” podemos saber con bastante exactitud cómo es una persona e incluso de que barrio es.
Y sin embargo, no me gusta hablar constantemente de ropa. En su mayor parte porque la gente no tiene mucha idea, pero sobre todo, porque prefiero hablar de libros (que no han leído) o películas (que no han visto) o de lo que sea.
Y ¿sabéis por qué también? Porque es reconfortante tener un “guilty pleasure” , una doble vida en internet. Voltaire decía que debemos cultivar nuestro jardín, como medio para mejorar el mundo. Bueno, yo prefiero hacerlo por aquí.


































