Después de un duro día de trabajo en la City, le gusta llegar a casa. Entrega su bombín, guantes y paraguas a la doncella y da un beso a su mujer.
Para sentirse cómodo en su casa blanca de barrio residencial londinense, sencillamente cambia su traje por un batín rojo, pero mantiene su camisa y corbata siempre.
Al señor Banks le gusta la puntualidad, la respetabilidad y la sensatez para todo. Incluso para vestir. No le gusta la ostentación, prefiere la sencilla elegancia de la discreción. “Noblesse oblige” que diría él.
Lo que no quiere decir que renuncie a pequeños placeres como un clavel rojo en el ojal. Le gusta el contraste. Es alegre sin resultar indecente.
Lo que se denominaría WASP (White anglo-saxon protestant) Si no fuera por que el es anglicano y fiel al Rey Eduardo.
Trabaja en un importante banco de la City donde sus superiores son igual de rectos, puntuales y sensatos. Les une su uniforme.
Pero a veces, un traje negro no es más que una sombra en la noche. De noche, todos los gatos son pardos ¿no?
Un hombre no es el mismo. Puede ser distinto, cambiar de actitud. Porque con solo dos peniques se puede arreglar una cometa.

E igualmente, la ropa, nos hace ser de una manera a otra. Después de todo. No se puede volar una cometa con el cuello almidonado.
Es una lástima que hoy en día no se tenga en tan buena estima la apariencia regia.












