27/6/2012

Un oficio particular

Isabel II con bolsas


Tenía él uno de los trabajos más interesantes que he conocido. Se dedicaba a vender antigüedades de lujo: Pañuelos de Hermès de los 40, baúles de Louis Vuitton de los 30 y joyas de las 20. Tenía sus contactos que le suministraban productos, tipos extraños, más propios de una carnicería o un pub que de tratar con los mejores cueros y sedas del siglo.

Luego él, después de estudiarlos y asegurarse de su autenticidad, los adquiría y se los ofrecía al mejor postor. A menudo a casas de subastas especializadas (pues Christies no acepta productos de un valor inferior a 1000 libras) , a veces a alguna lady de Kengsinton o Knighstbride, y excepcionalmente a alguna fashionista nueva rica oriental. Aunque estas últimas, no solían apreciar el valor de las antigüedades, especialmente cuando podían comprarse algo nuevo que resultaba más barato.

Cuando yo le conocí llevaba algún tiempo guardando un elegante baúl de Louis Vuitton de cuando los viajes se hacían en condiciones, existían mozos para llevar el equipaje, y el cajón para los pañuelos de caballero era algo sencillamente  indispensable. A causa de su tamaño resultaba algo difícil de vender. A él no le preocupaban tonterías tales como encontrar un buen hogar para aquellas joyas. Sus fines eran puramente comerciales. Por supuesto su corazón no hubiese resistido ver un carré como trapo para fregar pero sin llegar a esos extremos, cualquiera que apreciara su valor, y más importante aún, estaba dispuesto a pagar el precio, era suficientemente digno.

A veces se daba el caso de que las transacciones se realizaban a la inversa: clientes le pedían que adquiriera discretamente un broche de diamantes y ópalos o le buscara un Birkin burdeos de los 80. Tales casos solían ser más raros y era habitual que rechazara esos trabajos más detectivescos y optar por servicios más simples. 

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Y no me cae bien la Duquesa de Windsor, que quede claro. 

Wallis Simpson LV

21/6/2012

Una hermosa forma de educación

being well dressed is a beautiful form of politeness

Y es que es algo que la gente olvida por completo. Especialmente en lo que se refiere al trabajo. Por supuesto que puedes hacer el mismo trabajo en pantalones cortos y camiseta, como también podrías hacerlo en calzoncillos o en pijama.
Pero vestir bien demuestra respeto hacia los demás, como sí dijeran: Oh si, te respeto, por eso me esfuerzo en ofrecerte mi mejor aspecto. 
Lo que me lleva a otra cuestión:
¿Por qué con la excusa de la confianza uno se transforma en un dejado? Es precisamente para la gente que queremos para quienes deberíamos tratar de vestirnos mejor. Porque son los que nos ven todos los días. 
El narcisismo es egoísta, la educación generosa.

11/6/2012

Otro tipo de Estilo de vida


chico bajo la nieve con mochila

Con la que está cayendo, uno no oye más que hablar de que la culpa de todo la tiene que el consumismo, y esa necesidad de poseer por el hecho de poseer, comprar por el placer de comprar.
Pero yo no estoy del todo de acuerdo. Por lo menos no viendo a aquellos que me rodean.

- En nuestro caso eso no es cierto – Diría una amiga mía -. A nosotros nos han educado con mentalidad de postguerra: que no sobre nada, ahorra todo lo que puedos, compra lo mejor y hazlo durar.

Y cada vez me doy más cuenta de la razón que tiene. Nos gusta vestir bien sí, nos gusta ir “a la moda”  pero no por ello somos como esas personas que compran ropa cada semana. No lo necesitamos, no tenemos llenos los armarios, cajones y baldas de nuestras casas.

Algo parecido me decía otro amigo: 
- Desde que viajo tanto, cada vez tengo menos ropa y  más sencilla: vaqueros, camisetas lisas y camisas. Y también tengo menos objetos, el kindle y el ordenador es todo lo que necesito. Aquello que me quepa en una simple mochila.


Así que como veis, por A o por B existe un grupo de irreductibles jóvenes que no necesariamente consumimos en exceso, o entramos dentro de lo que la gente piensa de nosotros.

Surfer con tabla de surf | Longboard


9/6/2012

Vincent Cassel - El hombre

Vincent Cassel

Decía una amiga sobre Vincent Cassel que "prefiero a Vincent Cassel a casi todo el mundo. Es elegante, esbelto, simpático, educado, interesante etc... pero no es guapo. No encaja en un patrón de belleza y sus rasgos ni siquiera son hermosos. Simplemente en él resultan. Es el hombre. El Hombre"


Vincent Cassel jersey de cuello vuelto cisne


Y yo creo que ahí radica su atractivo, en que no es guapo. Es efectivo, atractivo, tiene glamour, pero en el sentido original de la palabra (belleza mágica o ficticia de un objeto o persona, también brillo falso) como recordaba Carmen Posadas hace unas semanas.


Vicent (perdonen la confianza) tiene esa belleza ficticia que hace que olvides que no es guapo. Es de esa clase de hombres que normalmente no suelen caer bien a otros hombres. 
De esa clase de hombres que es capaz de robarte a la chica delante tuyo y sin que te des cuenta. 
Vincent Cassel fumando

Truhan pero adversario digno. 
No un amigo íntimo pero si uno leal.
No del todo agradable pero honesto.

Es la clase de hombre  que, inconscientemente, la mayoría de los hombres quieren ser


Vincent Cassel sexy



8/6/2012

De viajes

Orient Express
Ya no es posible viajar como antes. No me malinterpretéis, no es cuestión de snobismo. No pienso mencionar aquellos que viajan en avión vestidos para un safari o los que aplauden al aterrizar.
Es que después de coger más aviones en dos semanas de lo que me hubiese gustado, he acabado harto de los check-in, controles de seguridad y aeropuertos inmensos. Por ciertas unas pocas cosas.

Uno comienza a echar de menos los salones de espera, el vagón de recreo o de fumar, los mozos que se encargaban de llevar el equipaje, o la ausencia de controles de seguridad, como se ve en Eva al desnudo.

No es que quiera que las cosas vuelvan a como eran antes, cuando los trabajadores no tenían derecho a vacaciones pagadas, es sólo que opino que en aquella época (cuando existían conjuntos de viaje) aquellos que podían viajar, lo hacían mucho mejor.
Ahora el que quiere viajar a gusto, debe tener dinero. Y a menudo, ni con esas. 

Elisabeth II